Quiero contarte lo que hice. Si hay algo que me fascina, es tener un orgasmo y al mismo tiempo, hacerme encima. Entonces, desde que llegué, me estuve preparando. Tomé sin respirar cuatro vasos de agua. Al ratito comencé a sentir ganas, pero no era suficiente. Una hora después, una taza grande de té y ya mi vejiga empezó a pedir clemencia. Mientras tanto, miré por internet fotos y leí algunos relatos calientes.
Mi concha se mojaba y los pezones se erizaban tanto, se ponían duritos, tremendos. Muy despacito comencé a tocarme, siguiendo con el dedo índice la rayita empapada, acariciando el vello, rozando apenitas la punta del clítoris. Otra taza enorme de té. Ya sentía el vientre hinchado por el líquido. Para gozarme un poquito más, me concentré en mis pezones. Los pellizcaba primero fuerte y después despacio, despacio y fuerte.
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