Hace unas semanas fui invitado a la fiesta de los 18 años de Julia en su casa, una chica… bufff... Atraía todas las miradas y casi todos los de la fiesta tiramos la caña a la perfecta diosa Julia. Pero todos fueron cayendo uno a uno, ni con los litros de cava catalán e otras bebidas como la sangría, nadie podía con ella. Entonces fui a probarlo por segunda vez. Estaba sola. Tumbada en el sofá sin bebida y le ofrecí un baso de Malibú. Aceptó. Me senté a su lado y empezamos a hablar. La charla se alargó un poco, pero los toqueteos por ambas partes y las risas eran buena señal. De repente nos acercamos demasiado y nuestras bocas se comieron una a la otra. Las manitas cada vez eran más atrevidas: mi derecha en su culo y su izquierda rozando mi paquete que le faltaba espacio. De repente se levantó y me dijo que fuésemos a su habitación. Ella se tumbó en la cama de un salto y yo la seguí con mi boca por delante. Me fui quitando la camiseta y ella el top quedándose con un sujetador negro. Madre de mi vida que pechos! Los empecé a tocar mientras ella se bajaba los tejanos y quedaba con un tanga finísimo del mismo color. Mis tejanos empezaban a reventar. Pero antes le quité el sujetador y empecé a lamerle los pechos y los pezones. Finalmente me bajé los pantalones y aquí se terminó mi excitación y durante un cuarto de hora fui el hombre mas relajado del mundo.
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